¿CÓMO INFLUYE EL MIEDO Y EL ESTRÉS EN EL SISTEMA INMUNOLÓGICO?

¿CÓMO INFLUYE EL MIEDO Y EL ESTRÉS EN EL SISTEMA INMUNOLÓGICO?

El estrés es una reacción fisiológica que tiene el cuerpo frente a un desafío o demanda, nos prepara física y psicológicamente para enfrentarnos a un peligro o huir de él. Es beneficioso si aparece de forma aguda, pues nos ayuda a cumplir ciertos objetivos del día a día. El problema aparece cuando el estrés se prolonga durante un tiempo más extenso y adopta la forma del estrés crónico dejando de ser adaptativo.

El estrés no tiene que ser solamente psicológico, pues un traumatismo, una bajada de temperatura brusca, una situación de hipoglucemia o una intervención quirúrgica son claramente estresores. Ante una situación así, el cuerpo reacciona con la liberación de hormonas y neurotransmisores para ajustarse a las demandas que el medio requiere. Entre todas las sustancias liberadas, la adrenalina y el cortisol son las más importantes.

La liberación de adrenalina, más relacionada con el estrés agudo, provoca un aumento de la frecuencia cardíaca y broncodilatación. El sistema simpático se dispara, provocando una movilización de todas las reservas energéticas a los músculos, aumento de la concentración o parada de las secreciones intestinales y su peristaltismo.

El estrés afecta a nuestro sistema inmunitario. Este estado altera nuestra homeostasis natural y en consecuencia, entran en hormonas en acción las hipotalámicas como la vasopresina. El impacto somático del estrés continuado puede ser inmenso no solo para nuestro equilibrio psicológico: también la salud se verá afectada.

El estrés nos ayuda a adaptarnos a los cambios, pero cuando es excesivo y continuado puede facilitar o predisponer la aparición de ciertas enfermedades, desde un resfriado, inflamaciones, alergias… El sistema inmunitario, el encargado de defender a nuestro organismo de agentes patógenos y enfermedades se ve afectado.

El cortisol y la respuesta inmunitaria

En primer lugar, el cerebro interpreta una situación del exterior como estresante. El hipotálamo, estructura cerebral encargada de coordinar conductas relacionadas con la supervivencia, envía señales eléctricas a la glándula pituitaria y esta, a su vez, envía la hormona ACTH a las glándulas suprarrenales donde es liberado el cortisol y la adrenalina.

  • Niveles altos de cortisol en sangre provocan una serie de cambios en los leucocitos, encargados de luchar contra enfermedades potenciales.
  • Por otro lado, el cortisol puede frenar la producción y acción de las citoquinas, encargadas de iniciar la respuesta inmunológica.
  • El cortisol también ayuda a iniciar las conductas de huida ante una situación peligrosa. Por otro lado, la adrenalina se encarga de la respuesta de alerta, genera energía por si fuese necesario escapar o luchar y aumenta el ritmo cardíaco.

 El estrés percibido activa al sistema nervioso y este a su vez influye sobre el sistema inmune a través de la producción de hormonas y neurotransmisores. Las células del sistema inmunológico poseen receptores para estas hormonas lo que implica la modulación del sistema inmune.

A pesar de la relación existente entre el sistema nervioso, el endocrino y el inmune, la personalidad también tiene un papel importante en la alteración del sistema inmune. El cortisol y sus derivados sintéticos son utilizados en la clínica por su acción anti-inflamatoria. Entre sus funciones encontramos la reducción de permeabilidad de los capilares que impide la salida de plasma a los tejidos, disminución de la migración de leucocitos y fagocitosis, disminución de la fiebre, inhibición del sistema inmunitario y reducción de multiplicación de linfocitos T sobre todo. Como consecuencia de estas acciones, se producirá una importante disminución de linfocitos en sangre, un deterioro de la función de éstos y descenso de los niveles de inmunoglobulinas.

Todos estos cambios producidos por el estrés crónico pueden traducirse en una leve inmunodepresión. Por tanto, encontraremos lo siguiente:

  • Actividad inmunitaria deprimida: más procesos infecciosos por microorganismos oportunistas como infecciones de orina, otitis, cuadros catarrales, etc. Además, se facilita la aparición de enfermedades autoinmunes.
  • Problemas de coagulación de la sangre y cicatrización enlentecida.
  • Reactivación de enfermedades inflamatorias y autoinmunes: si se padece alguna patología de naturaleza autoinmune como el vitíligo, psoriasis, enfermedad de Crohn o lupus, es posible que durante periodos de estrés presente exacerbaciones.
  • Retención incrementada de los virus en los tejidos.
  • Disminución de las células NK, encargadas de la eliminación de células tumorales e infectadas por virus.

 Qué puede hacer Si le parece que la tensión nerviosa puede estar afectando a su salud física, tome las medidas correspondientes para reducir o eliminar el problema:

 • practique técnicas de relajación tales como la meditación, la relajación muscular o el yoga

 • haga ejercicio, particularmente ejercicios aeróbicos

 • aprenda mejores maneras de manejar su tiempo

 • establezca un sistema sólido de apoyo social, por medio de la familia, los amigos, los colegas, el trabajo voluntario, o sus aficiones

 • fíjese objetivos apropiados y realistas, cuyo logro le inspire orgullo.

 Pero recuerde que no hay una técnica de alivio de la tensión que tenga resultados para todo el mundo. Lo que hay que hacer es experimentar y descubrir cuál es la que a usted le da mejores resultados.

Eva Gabarron